sábado, 25 de octubre de 2008

IMSA

Lo bueno de los casos de ética es que son cortitos y fáciles de leer. Este, para mí, se resume en la eterna cuestión de si aceptar una extorsión y hasta qué punto, con el agravante circunstancial de que la empresa se enfrenta a serios problemas económicos. (Obviamente, es más fácil negarse cuando las cosas ya te van muy bien).

Aparte del tema principal del caso (¿qué hacer?), hay dos aspectos que me comen el coco, siendo a lo mejor un poco retorcidos, y que no sé si llegaremos a tocar:

- La actitud del comandante, ¿no puede ser hasta cierto punto el resultado de la política desmesurada de tratar a cuerpo de rey? Puede que el comandante esté harto de ver cómo los operadores de equipos se hinchan a viajes chulos, comilonas y demás, mientras él se contenta con alguna comida suelta, habiendo decidido que "algo me tiene que tocar a mí". No justifico la actitud del comandante, sino razono cómo pudo llegar allí y hasta qué punto la propia IMSA puede ser una inductora -consciente o no-. A veces, cuando te pones a dar atenciones -no sobornos- a un cliente, tal vez sería bueno plantearte cómo las repartes.

- Por otra parte, se podría justificar que IMSA trata "a cuerpo de rey" precisamente como manera algo más ética de luchar contra los sobornos que practica parte de la competencia, en una especie de intento de "civilizar" al cliente hacia unas prácticas menos descaradamente corruptas (lo cual podría decirse que es promocionar una evolución positiva). ¿Hasta qué punto este enfoque es ético?

1 comentario:

David Deprez dijo...

Creo que con temas de ética, hay que dejar las cosas muy sencillas. Cuanto más le das vueltas, más acabas convenciendote que tu caso es especial y que se justifica un comportamiento "fuera de la norma". No digo que es fácil, al contrario.

En este caso, la pregunta que se tienen que plantear es: queremos trabajar en un entorno donde parece ser la norma "mimar" a los clientes. Estoy seguro que al momento que aceptan pagar al comandante, no volverán a cerrar un contrato sin tener que pagar alguna comisión extra.

A pesar de la imagen que tiene el sector de apuestas, nunca he tenido que tratar a cuerpo de rey a un cliente para vender nuestro producto.